viernes, 27 de junio de 2014

Gesù & Francesco ci chiamano a fare amicizia con i rifugiati/profughi!






Gesù & Francesco ci chiamano a fare amicizia con i rifugiati/profughi!
Secondo i rapporti delle Nazioni Unite nel  anno 2013 erano 51 milioni di rifugiati in tutto il mondo che hanno lasciato le loro case a causa di varie esperienze dolorose e della guerra.
Si presentano qui di seguito le riflessioni di Papa Francesco per il 20 giugno, Giornata Mondiale del Rifugiato, ricorrenza annuale che la comunità internazionale dedica a chi è costretto a lasciare la propria terra per fuggire da conflitti e persecuzioni.
Il numero di questi fratelli rifugiati sta crescendo e, in questi ultimi giorni, altre migliaia di persone sono state indotte a lasciare le loro case per salvarsi. Milioni di famiglie, milioni, rifugiate di tanti Paesi e di ogni fede religiosa vivono nelle loro storie drammi e ferite che difficilmente potranno essere sanate. Facciamoci loro vicini, condividendo le loro paure e la loro incertezza per il futuro e alleviando concretamente le loro sofferenze. Il Signore sostenga le persone e le istituzioni che lavorano con generosità per assicurare ai rifugiati accoglienza e dignità, e salvarsi la vita. Con san Giuseppe e la Madonna, è dovuto andarsene in Egitto. Lui è stato un rifugiato. Preghiamo la Madonna, che conosce i dolori dei rifugiati, che stia vicino a questi nostri fratelli e sorelle. Preghiamo insieme la Madonna per i fratelli e le sorelle rifugiati. Maria, madre dei rifugiati, prega per noi.

Secondo fra. Jaime Rey, noi Frati Francescani Cappuccini abbiamo una opportunità fraterna di essere con questi fratelli e sorelle che hanno perso le loro case e non hanno nessuno a rivendicare i loro diritti. La mia esperienza con i rifugiati dello Sri Lanka mi ha insegnato molto sulle loro incertezze. La loro esperienza è estremamente traumatizzante: in un istante di violenza questa gente ha perduto persone e strutture preziose, custodite da secoli.

La domanda "perché?", che pongono, le loro lacrime, la rabbia, l'incertezza, le ferite e il vuoto sono racconti della passione dei nostri giorni. Il nostro Padre san Francesco, che ha trovato il senso della sua vita fuori delle mura di Assisi, ci chiama anche ad essere sensibili ai rifugiati e a stare con loro. Molti dei nostri frati cappuccini sono già coinvolti in questo ministero ed è bene tenere le nostre porte e il cuore aperti a questa realtà. Invitiamo i formatori di essere in contatto con la vita dei rifugiati e ad  aiutare i nostri frati studenti a fare esperienza con loro. Qual è la vostra risposta alla chiamata di Gesù e Francesco?

lunes, 23 de junio de 2014



HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Basílica Vaticana
Domingo 8 de junio de 2014

«Se llenaron todos de Espíritu Santo» (Hch 2, 4).
Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús dijo que, tras marcharse de este mundo, les enviaría el don del Padre, es decir, el Espíritu Santo (cf.Jn 15, 26). Esta promesa se realizó con poder el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Esa efusión, si bien extraordinaria, no fue única y limitada a ese momento, sino que se trata de un acontecimiento que se ha renovado y se renueva aún. Cristo glorificado a la derecha del Padre sigue cumpliendo su promesa, enviando a la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña y nos recuerda y nos hace hablar.
El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el justo camino, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino, el sendero. En los primeros tiempos de la Iglesia, al cristianismo se le llamaba «el camino» (cf. Hch 9, 2), y Jesús mismo es el camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar siguiendo sus huellas. Más que un maestro de doctrina, el Espíritu Santo es un maestro de vida. Y de la vida forma parte ciertamente también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.
El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo lo que dijo Jesús. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace comprender las palabras del Señor.
Este recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu no se reduce a un hecho mnemónico, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en su Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo lo que dijo Cristo, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Todos nosotros tenemos esta experiencia: un momento, en cualquier situación, hay una idea y después otra se relaciona con un pasaje de la Escritura... Es el Espíritu que nos hace recorrer este camino: la senda de la memoria viva de la Iglesia. Y esto requiere de nuestra parte una respuesta: cuanto más generosa es nuestra respuesta, en mayor medida las palabras de Jesús se hacen vida en nosotros, se convierten en actitudes, opciones, gestos, testimonio. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor y nos llama a vivirlo.
Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un cristiano a mitad de camino, es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe tomar en consideración su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu. Que el Espíritu Santo reavive en todos nosotros la memoria cristiana. Y ese día, con los Apóstoles, estaba la Mujer de la memoria, la que desde el inicio meditaba todas esas cosas en su corazón. Estaba María, nuestra Madre. Que Ella nos ayude en este camino de la memoria.
El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y —otro rasgo— nos hace hablar, con Dios y con los hombres. No hay cristianos mudos, mudos en el alma; no, no hay sitio para esto.
Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abbà (cf. Rm 8, 15; Gal 4, 6); y esto no es sólo un «modo de decir», sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios» (Rm 8, 14).
Nos hace hablar en el acto de fe. Ninguno de nosotros puede decir: «Jesús es el Señor» —lo hemos escuchado hoy— sin el Espíritu Santo. Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, con mansedumbre, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.
Pero hay algo más: el Espíritu Santo nos hace hablar también a los hombres en laprofecía, es decir, haciéndonos «canales» humildes y dóciles de la Palabra de Dios. La profecía se realiza con franqueza, para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con mansedumbre e intención de construir. Llenos del Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, sirve y dona la vida.
Recapitulando: el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y nos hace hablar en la profecía.

El día de Pentecostés, cuando los discípulos «se llenaron de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nace «en salida», en «partida» para anunciar a todos la Buena Noticia. La Madre Iglesia, que sale para servir. Recordemos a la otra Madre, a nuestra Madre que salió con prontitud, para servir. La Madre Iglesia y la Madre María: las dos vírgenes, las dos madres, las dos mujeres. Jesús había sido perentorio con los Apóstoles: no tenían que alejarse de Jerusalén antes de recibir de lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 4.8). Sin Él no hay misión, no hay evangelización. Por ello, con toda la Iglesia, con nuestra Madre Iglesia católica invocamos: ¡Ven, Espíritu Santo!

lunes, 3 de marzo de 2014

El pasado jueves 27 de febrero, nuestro hermano Kilian Ngitir, de la custodia de Camerum ha defendido brillantemente su tesis doctoral en la Universidad Salesiana de Roma. La tesis trata sobre la motivación y el discernimento vocacional, centrando el objeto de su estudio en las vocaciones de los Orden Capuchina en Camerúm.

Kilian forma parte del Consejo Internacional para la Formación de la Orden, y ha compaginado maravillosamente su trabajo intelectual y su trabajo en la formación, conservando siempre su alegría y si sencillez

Querido hermano: muchas felicidades. Te deseamos todo lo mejor. Tu trabajo es signo de esperanza para el futuro de la Iglesia y de la Orden en África. Que muchos sigan tus pasos.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuando Jesús entra de forma creativa en nuestra historia nos abre nuevos caminos de esperanza… Y esta historia todavía continua…
Visión franciscana de la Navidad
Francisco de Asís sentía una profunda fascinación por todas las criaturas; desde esta fascinación contempló también el nacimiento de Jesús. La belleza de Dios estaba presente en la naturaleza y de modo particular en su fragilidad y la humildad. Estamos acostumbrados a contemplar a Dios como todopoderoso, omnipotente, omnisciente... Pero aquí, en el misterio de la encarnación, Dios ha elegido un nuevo paradigma de simplicidad, debilidad e impotencia, simbolizado en un bebé. Le hemos pedido a nuestro hermano José Ángel Echeverría, responsable de la actualización del Lexicon capuchino, que comparta con nosotros sus sentimientos sobre la Navidad. Esta fue su respuesta: "El que sabe hacerse niño, ve a través de los ojos de Dios. El Dios Creador, desprendiéndose de su omnipotencia, nos ha comunicado una nueva imagen de sí mismo. Una imagen de un niño pequeño que depende de sus padres y de otros muchos. El poder se trasforma en amor. Dios mismo quiere que cambiemos la visión que tenemos de Él. El poder se trasforma en amor: Dios es misericordia y pasión”.
Abrámonos y dejémonos tocar por la eterna sabiduría de la humildad afectuosa de nuestro Dios. Hay caminos de esperanza para nuestra fragilidad y nuestro sufrimiento. La vida es un valor siempre lleno de desafíos, el mayor de todos, descubrir la bondad escondida en todas las criaturas. André Ménard, teólogo capuchino francés, utiliza este criterio para hablar de la definición de la fe en san Buenaventura: "La fe según san Buenaventura reconoce la presencia oculta de Dios en todas partes, sobre todo en la creación".


Hay muchas maneras de manifestar al Dios oculto. El servicio humilde podría ser uno de ellos. Este es un tiempo oportuno para hacer este trabajo en el camino franciscano-capuchino. El hermano Mauro, nuestro Ministro General, en su reciente carta a la Orden sobre “La Gracia del Trabajo" nos dice en su número 7: “el trabajo no tiene solo un valor de subsistencia, el trabajo también nos proporciona sentido a la propia vida, contribuyendo a la realización de la propia humanidad… Es necesario que pidamos al Señor la gracia para hacer concreto y visible lo que afirmamos y predicamos con respecto a la obediencia, el sacrificio y la voluntad de servir hasta donar la propia vida por el crecimiento y la promoción de los otros. Aceptar la propuesta de un trabajo o un servicio fraterno interpela la dimensión misma de nuestra fe y exige una continua educación a la oblación y a la gratuidad”.
Sí, deberíamos trabajar como María y José. El tiempo de Navidad y de Año Nuevo, sin duda, nos ofrecen muchas oportunidades de servir a los demás, a veces, de una manera muy insignificante y humilde. Sería una buena manera de celebrar la Navidad y el Año Nuevo, identificarnos con los trabajadores humildes de nuestra sociedad en la que la gracia del Hijo encarnado está escondida de una manera mística.
Muchos elementos de nuestro mundo nos pueden llevar a la desesperación. Podemos tener experiencias y dificultades que nos acosen con sus dicotomías y con las incongruencias de las personas y las diversas situaciones de nuestra vida, pero el Espíritu de Dios encarnado, siempre está presente en este mundo y nos ayuda a estar conectados a la vida, de modo que este Espíritu nos revitalice. Durante este tiempo se nos brinda la oportunidad de llegar a nuestros hermanos y hermanas de la periferia, a las que en tantas ocasiones el Papa Francisco nos quiero llevar. No debemos perder la dimensión contemplativa de nuestras iniciativas. El P. Willie Doyle (famoso jesuita capellán de las fuerzas armadas que murió en acción en Francia en 1916 ) lo expresaba de la siguiente manera: Haced vuestra oración de forma simple, tan simple como sea posible; no deis vueltas a la cabeza, amad mucho, y rezaréis bien.

¡Nuestros mejores deseos en el intento de recorrer de forma nueva los caminos propuesto por  Jesús y San Francisco¡

lunes, 23 de diciembre de 2013


Hay una nueva imagen de Dios que solo pocos conocen... Dicen que Dios ha entrado en nuestra historia (Dios-­‐con-­‐ nosotros, Mt, 1,23) como un niño débil, pobre, impotente y frágil; pero con la capacidad de dar senFdo a nuestras vidas.
Aproximémonos a Él, experimentemos su amor y compartámoslo. Su gracia puede curarnos.
Os deseamos una navidad llena de senFdo y un nuevo año 2014 abundante de gracias. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Curación, reconciliación y espiritualidad
La semana pasada a través de una llamada telefónica, una mujer confesaba que no era capaz de perdonar a su marido que padecía una enfermedad crónica. La enfermedad le había cambiado el carácter y le había convertido en la persona más desagradable de la familia. Vivir y acompañar a una persona de estas característica se había convertido para ella en un verdadero reto. De la llamada de teléfono se podía deducir que ambos estaban necesitados de curación y reconciliación. La sabiduría de Dios se refleja también en las propuestas de la psicología del Counseling que nos recuerdan que todo necesitamos de algún tipo de curación que nos viene de los otros. Especialmente los recuerdos no curados del pasado pueden hacer de mi presente algo insoportable y algo hostil y negativo para los demás. Desgraciadamente, hay muchas personas en nuestra sociedad que pasan su vida llevando y trayendo todo tipo de negatividad fruto de sus heridas del pasado no cicatrizadas. A su vez, estas heridas pueden traer una enfermedad o permanecer como algo que nos impide disfrutar con entusiasmo de la vida.
La semana de la reconciliación en San Giovanni Rotondo es, podríamos decir, uno de esos esfuerzo de la Orden Capuchina por ayudar a muchos hermanos y hermanas a convertirse en terapeutas para los otros, que antes se han curado a sí mismos. El poder de curar es un don gratuito de Dios que el P. Pio rentabilizó al máximo.
El proceso de curación en el camino de crecimiento es permanente. Antes de curar a los otros, uno se tiene que curar a sí mismo personalmente: es necesario reconciliarse con las personas con las que tienes algo en contra en tu historia pasada. No debemos olvidar que aquellos que ejercen el ministerio de la curación han sido elegidos para este ministerio por el mismo Dios. Todo franciscano ha sido curado antes para poder ayudar a los otros a curarse. Un verdadero viaje espiritual nos exige estar en armonía con los otros, con la naturaleza y, sobre todo, con el mismo Dios.
Mensaje del Papa
El Papa se confiesa cada quince días. Esté fue el mensaje del día 20 de noviembre de la audiencia general en la plaza de san Pedro de Roma; lo hace porque también él es un pecador y necesita ser perdonado. Todos nosotros tenemos necesidad del perdón. Pero es necesario que sea en el nombre de la Iglesia. El Padre-Dios nos invita al sacramento de la reconciliación, dice el papa Francisco, que se ha convertido en una fuente de inspiración para millones de personas en todo el mundo. Llamándose a sí mismo pecador, el papa subraya la profundidad del sacramento de la reconciliación. Ha hablado de los encuentros personales con su confesor, diciendo: “él escucha las cosas que yo le digo, me aconseja y me perdona”. Esto es lo que hacen aquellos que administran el sacramento del perdón, en el nombre del mismo Dios.
 Según Fray Jaime Rey, no tenemos que perder nunca de vista la perspectiva franciscana. El mismo San Francisco experimentó a lo largo de su vida el amor incondicional y misericordioso de Dios, y no pudo por ello de dejar de agradecer a Dios la gracia de la misericordia. Envió a sus hermanos a mirar a las personas con los ojos llenos de compasión, con la misma mirada de Jesús, y dar el perdón a quien lo necesitaba.
Pidamos por el éxito de la Semana de la Reconciliación que se va a celebrar en San Giovanni Rotondo entre el 25 y el 29 de noviembre de 2013. Esperamos, que en el futuro,  podamos compartir con vosotros los frutos de estos días. 

martes, 12 de noviembre de 2013

La tercera semana de la reconciliación que se celebrará en San Giovanni Rotondo entre los días 25 y 29 de este mes de noviembre lleva como título: Creo en el perdón de los pecados".
Para mayor información consultar en la web: www.conventosantuariopadrepio.it